¡El maratón de la vida!

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Por: Carlos Dorado

Cuando tenía 18 años, leí: “el músculo se adquiere con dificultad y se pierde con facilidad. La grasa se adquiere con facilidad y se pierde con dificultad”. Pensé un rato, y me dije: “no hay más remedio: un par de zapatillas y a correr. No dependo de una cancha, de un equipo, de nada. Inclusive no se requiere de mucho talento”. Llevo 37 años corriendo sin parar, y estoy convencido de que es una filosofía de vida, ya que la vida también es un maratón.

Debes prepararte, y debes correrlo a tu paso, nunca al paso de los demás. Y al llegar a la meta, no importa el tiempo que hicieron los otros, lo más importante es el tiempo que hiciste tú. ¡Corres para ti, no para los demás! ¡Vives para ti, no para los demás!

Al igual que en la vida, el ritmo va cambiando con la edad, y si quieres terminar con éxito (el éxito en el maratón es como en la vida, es muy relativo), nunca debes pensar en lo que has recorrido o lo que falta por recorrer, solo en el hecho de que te preparaste muy bien para correrlo, y que debes seguir corriendo. Igualmente, debes saber dosificar los momentos de euforia donde te provoca subir el ritmo, y los del bajón, donde tu cuerpo te pide parar cada segundo. Pero al final de todo tu objetivo, al igual que en la vida, no solo debe de ser terminar el maratón, sino disfrutar el maratón.

Una vez, conversando con un señor mayor, al terminar uno de los tantos maratones que hice, y después de haberlo felicitado por haberlo finalizado a su edad, me dijo: “¿no corres porque eres viejo; o eres viejo porque no corres?”. ¡Qué profundo! Al llegar a una edad, el reloj eres tú mismo. Y tus grandes hazañas ya no se miden en tiempos, se miden por la satisfacción de haberle dado a tu cuerpo, aunque sea una pequeña oportunidad de que envejezca con cierta dignidad y calidad de vida.

Otro día, al terminar una de esas largas carreras que suelo hacer los domingos, y mientras me tomaba un buen jugo para reponer fuerzas, un señor que también acababa de correr, sin conocerme me comentó (así son las personas mayores, te hablan como si te conociesen de toda la vida): “¿por qué será que la gente se cepilla los dientes todos los días, y nunca hace deportes? ¿Será que los dientes son más importantes que el resto del cuerpo? Mire jovencito le voy a dar un consejo (típico de la gente mayor que da consejos sin que nadie se lo pida; pero se lo agradecí muchísimo), haga siempre deporte y trate de mantener un equilibrio en su vida”. A lo que le respondí: “estoy de acuerdo; y le digo más señor, mi madre siempre me decía: la salud del niño está en el plato, la del viejo en el zapato”.

Se me quedó viendo y me dijo: “¿su madre debe ser una mujer muy inteligente?”. “Inteligente no sabría decirle, de lo que estoy seguro es de que era muy sabia”. Y él respondió algo que nunca podré olvidar: “en la vida hay que morirse joven, lo más tarde posible”.

cdoradof@hotmail.com (articulista de El Universal)

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